La España de Robert Moreno

La llegada de Robert Moreno al banquillo de la Selección Española de Fútbol se ha producido, lamentablemente, por motivos alejados al propio deporte. Sin embargo, el natural de Hospitalet está más que capacitado profesional y tácticamente para ponerse al frente del combinado nacional y dejar huella en el mismo.


Estadísticas


El técnico catalán, antes de embarcarse en la nueva aventura con Luis Enrique en la Selección, fue su mano derecha durante muchos años. Con los 32 recién cumplidos, ambos se marcharon dirección Roma para empaparse del fútbol internacional para después regresar a Vigo y Barcelona logrando de esta manera una Champions League, dos Ligas, tres Copas del Rey, una Supercopa de España y un Mundialito de Clubes en apenas cinco temporadas.

Un registro al alcance de muy pocos como segundo entrenador y que le valió, en la temporada de descanso de Luis Enrique, para volver al Celta de Vigo con Juan Carlos Unzué y terminar así su periplo en el fútbol de clubes hasta llegar al combinado nacional. En todo ese periodo de seis campañas, Robert Moreno registró un total de un 58% de victorias.


Formación y variantes


Habiendo pasado por la mejor escuela de aprendizaje futbolístico como es La Masía y nutriéndose desde que comenzó a formarse del balompié catalán, a Robert Moreno le gusta el juego de posesión, el dominio del partido, la presión alta y las buenas combinaciones.

Todo ello hace que su idea fija sea un 4-3-3, pero moldeable. Si es necesario, se puede convertir en un 4-4-2 romboidal utilizando a un mediocentro defensivo como eje para construir el juego con la pelota en su haber y también sin ella. Dos sistemas en los que siempre se prima recuperar el esférico lo antes posible y saber qué hacer con él todo el tiempo.


Fase defensiva


Es habitual pensar que siendo en planteamiento tan de control y dominio, se pueda descuidar en cierto modo la defensa, pero lo cierto es que el entrenador catalán no descuida en absoluto esta faceta. De hecho, la aprovecha y la prioriza para las posteriores transiciones.

Mediante una presión en bloque alto con las dos líneas de tres jugadores marcando al hombre, la Selección pone en serios aprietos a su rival cuando éste quiere sacar el balón jugado. En caso de que lo consiga, el sacrificio de los hombres atacantes es máximo configurando un 4-1-4-1 sin apenas espacios y tratando de adelantar metros siempre que es posible.


Fase ofensiva


Es aquí donde se puede ver el verdadero potencial y los puntos fuertes del conjunto de Robert Moreno. Gracias a la disposición táctica con un mediocentro posicional, dos interiores, dos extremos abiertos que saben cuándo atacar el carril central ayudados de dos carrileros con mucho recorrido y un delantero con enorme movilidad, los ataques se desarrollan de forma fluida, paciente, y a la espera de abrir huecos en la defensa rival y atacar el espacio con inmediatez.

La creación de triángulos continuamente es una de sus mejores armas. Ya sea entre interior, extremo y delantero cerca del área o centrocampista, carrilero y extremo metros atrás, el combinado nacional atrae a los defensores rivales y utiliza al tercer hombre, un método que además evoluciona gracias a las movilidad ininterrumpida como mejor complemento para optimizarlo.

Pero todo ello no podría darse sin los carrileros mencionados. Gracias a las excepcionales condiciones físicas de las que suelen estar dotados, la fórmula de doblar al extremo y crear superioridades al costado del área para finalizar con centros e internadas desde atrás, es muy utilizada y sobre todo, enormemente efectiva.


Transiciones


Hombres corpulentos y con buena salida de balón, hábiles en la sala de máquinas, veloces en las bandas y eficaces en tres cuartos de campo: una combinación excelente para no tener una preocupación mayor de lo necesario cuando el equipo no tiene el balón, aplica el 4-1-4-1, presiona alto, roba y sale a la contra en una especie de 3-4-3 muy flexible en los carriles.

Algo igual ocurre en la fase contraria. Dicho pressing tan alto y organizado en 4-3-3 trae consigo una seguridad evidente en todos los jugadores, quienes no pierden la marca otorgada y se centran en hacer lo más complicado posible el ataque rival. Tampoco es su problema excesivo si éste fructifica al saber posicionarse a la espalda de la portería para retroceder a la acción anterior.


Detalles adicionales


Otro de los puntos que juega a favor del míster, de todos los jugadores que están a su disposición y de la Selección Española como tal, es que nadie es fijo en ninguna posición y mucho menos en ninguna convocatoria. Está y estará dentro del combinado quien más lo merece y sobre todo, quien mejor se adapte a un esquema que aún tiene que ultimar los últimos retoques para funcionar a las mil maravillas.


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