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Fútbol Internacional

Un balón como equipaje: futbolistas en busca de un sueño

Irse de casa nunca es fácil. Menos aún hacerlo a miles de kilómetros, dejando atrás lo poco o mucho que se tenga y aventurandose en un futuro incierto con una única meta en la cabeza: poder hacer de su pasión su modo de vida. Es el camino que han tenido que seguir muchos futbolistas para ganarse la vida haciendo lo que más les gusta. 

Actualmente la cifra de jugadores nacionales buscando cumplir su sueño a lo largo y ancho del planeta supera los 800. Se entiende que son futbolistas españoles todos aquellos nacidos y criados en España, aquellos que hayan vestido alguna vez la camiseta de la selección española y aquellos que a pesar de haber nacido en cualquier país extranjero migraron a España a una edad temprana por motivos ajenos al fútbol.

Cada uno de esos más de ochocientos jugadores tiene sus motivos por los que decidió salir de España para jugar a fútbol. Cada uno tiene su historia, un pasado que dejar atrás y un futuro en el que adentrarse sin saber muy bien qué es lo que les deparará. Unos salieron jóvenes en busca de una oportunidad en el fútbol profesional que presuponen difícil en su tierra. Otros, en cambio, lo hicieron al final de sus carreras, buscando un último contrato importante que les permitiese asegurar un futuro mejor una vez retirados.


El llanero solitario de África


Una superficie de más de 30 millones de kilómetros cuadrados y una población de cerca de mil trescientos millones de habitantes contemplan la inmensidad del continente africano. En total, son más de cien los equipos que participan en las ligas profesionales de África. Sin embargo, tan solo uno de ellos cuenta con un futbolista español en sus filas. Se trata del Moghreb Tétouan, de la Botola Pro, la primera división marroquí, que el pasado mes de julio se hizo con los servicios de Martín Bengoa procedente del CR Al Hoceima.

Bengoa nació en la localidad vizcaína de Otxandio el 21 de noviembre de 1994. Después de completar su etapa formativa en las categorías inferiores del Athletic Club, llegó a jugar en Segunda División con el filial, el Bilbao Athletic. Sin embargo, a pesar de ser un fijo en el segundo equipo, nunca terminó de dar el salto a la primera plantilla. Tampoco lo hizo en el Deportivo de la Coruña, equipo por el que fichó al terminar su etapa en Bilbao. Su etapa en Galicia tampoco fue todo lo bien que deseaba y en verano de 2018 el Leioa se hizo con sus servicios. No duró mucho su etapa como jugador leioztarra, pues en apenas cuatro meses ùso rumbo al norte de África demostrando una vez más lo rápido que pueden cambiar las cosas en el mundo del fútbol.


Asia, el gigante dormido


Asia es el continente más grande del planeta, con una superficie de casi 45 millones de kilómetros cuadrados. Según un estudio reciente de las Naciones Unidas, el continente asiático alberga al 61% de la población mundial. También cuenta con los dos países más poblados del mundo, China e India, con 1.440 y 1.390 millones de habitantes, respectivamente. Casi el 40% de la población mundial. Con estos datos, sorprende que un deporte tan universal como el fútbol no esté entre los principales atractivos de los asiáticos.

A raíz de los éxitos recientes cosechados por el fútbol español, el reclamo de profesionales nacionales se ha elevado exponencialmente en el mercado asiático. 96 futbolistas y 192 técnicos españoles militan en ligas profesionales de Asia. El caso más sonado en lo que a jugadores se refiere es el de Jonathan Viera. Cuajó una sensacional temporada en la UD Las Palmas y fichó por el Beijing Sinobo Guoan chino. El club español cobró once millones de euros de un traspaso sin precedentes.

El principal reclamo del fútbol asiático es el aspecto económico. Los grandes clubes del continente, sobre todo en China, tienen un elevado poder adquisitivo, lo que provoca que oferten contratos estratosféricos y prácticamente irrechazables para que grandes estrellas mundiales se unan a sus filas. No obstante, países cuya cultura futbolística y su capacidad económica dista mucho de las grandes potencias asiáticas también son un destino escogido por jugadores provenientes de España.

Han pasado casi siete años desde que aterrizó en Tailandia, pero todavía conserva un inconfundible acento gallego que le impide ocultar sus orígenes. A sus treinta años, David Rochela se considera “un enamorado” del país y de su cultura. Su historia es similar a la de muchos futbolistas que han tenido que salir de su tierra para poder dedicarse al fútbol de manera profesional: se crió en la cantera de un club grande, en este caso del Deportivo de La Coruña, y ante la falta de oportunidades en el primer equipo decidió hacer las maletas en busca de una oportunidad.

Desde 2015 defiende los colores del Port FC, donde comparte vestuario con otro español, Sergio Suárez. Allí ha disputado casi un centenar de partidos oficiales, a los que hay que sumar los 45 que jugó con el Buriram United, el que fue su primer club en el país. En su primer año en Tailandia ganó una liga, una copa y fue nombrado el mejor defensor de la temporada. “Cuando inicias una aventura de este tipo nunca sabes muy bien cómo puede salir, pero en mi caso fue muy bien” afirma Rochela, que se emigró a Tailandia tres meses antes de empezar la competición para adaptarse “al país, al clima y a la cultura”.

Su mayor motivación a la hora de aceptar la oferta del club tailandés fue puramente deportiva. «Me atraía la idea de poder jugar la Champions de Asia con el mejor equipo de Tailandia», reconoce el central gallego.

Antes de iniciar su etapa asiática, el futbolista gallego probó suerte en Israel. “Fue una etapa que me vino muy bien para salir de mi zona de confort. Llevaba toda la vida en el mismo club y me aportó muchas cosas tanto a nivel futbolístico como personal”, asegura. Rochela admite que esta experiencia tan larga en una liga “de menor nivel futbolístico” puede cerrarle las puertas a la hora de volver a España. “En un futuro me gustaría volver, pero dudo que pueda ser a un club del máximo nivel”, concluye.

A día de hoy, son diez los futbolistas españoles que juegan en la Thai League tailandesa, teniendo en cuenta las dos categorías principales. Siete de ellos juegan en primera división y los otros tres, en segunda. 


La «otra» Europa


La Premier League, la Bundesliga, la Serie A o la Ligue 1, entre otras, acaparan junto a LaLiga española casi todos los focos del fútbol europeo. Están consideradas las cinco grandes ligas del viejo continente. Prueba de ese dominio es el palmarés de las dos principales competiciones europeas en los últimos años. El último campeón de la Champions League no perteneciente a esas cinco ligas fue el Oporto en 2004 Los portugueses son también el último club que ha conseguido levantar la UEFA Europa League, en 2011. No obstante, hay fútbol más allá de las grandes ligas.

Actualmente, alrededor de 650 futbolistas españoles actúan en equipos extranjeros dentro del continente europeo. Inglaterra se lleva la palma con 73 jugadores -sin contar con Gibraltar al ser considerada una federación independiente y en la que juegan 104 españoles-, seguida por Andorra con 64, Italia con 56 y Alemania con 52. Es llamativo que en los países vecinos, Francia y Portugal, solo haya 15 y 17 futbolistas nacionales, respectivamente.

Las ligas menores de Europa son el destino preferido de los jóvenes talentos españoles que, por diversos motivos, no encuentran su sitio en el fútbol profesional y prefieren buscar una salida a quedarse jugando en categorías inferiores. Es el caso de Christian Jiménez. A sus 22 años dejó el pasado verano el CD Alcalá donde militaba para recalar en el Lori Vanadzor de la primera división de Armenia. Su último entrenador en España firmó con el club armeno y le ofreció la posibilidad de ir con él. Una gran oportunidad «para jugar en una primera división y sobre todo para seguir creciendo de la mano de un entrenador que ha sido capaz lo mejor de mí», afirma el futbolista español. 

Jiménez reconoce que vivir una experiencia en el extranjero siendo tan joven «te abre las puertas al mundo del fútbol profesional», algo que habiéndose quedado en España sería «bastante complicado». Su primera temporada en Armenia le ha servido para ganar experiencia y admite que le gustaría volver, aunque más bien «a largo plazo».

La llegada de españoles a las secretarías técnicas de los equipos extranjeros supuso la migración en bloque de futbolistas a diversos equipos. Los directores deportivos llevaban consigo varios jugadores desde España, que formaban pequeñas comunidades o bloques dentro de los clubes a los que iban.

Una de las ‘colonias’ más características se sitúa en la costa sur chipriota, hogar del AEK Larnaca. Jordi Cruyff, hijo del mítico Johann, cogió las riendas de la dirección deportiva en 2009 y desde entonces siempre ha habido al menos un futbolista español en el equipo. A día de hoy, los chipriotas cuentan con once futbolistas procedentes de España en la plantilla, además de su entrenador, David Caneda, y parte de su cuerpo técnico. Los vascos Andoni Iraola e Imanol Idiákez, entre otros, también han dirigido al AEK en los últimos años. En Chipre hay 28 futbolistas españoles a día de hoy.

Un caso curioso a nivel europeo es el de Sito Seoane. Nacido en Estados Unidos con ascendencia española, juega desde 2015 en la liga de ascenso de Islandia, equivalente a la segunda división. A sus 31 años, su vida está allí gracias al fútbol. «Islandia es un país en el que siempre me he sentido muy querido y respetado», dice. Desde su llegada al país de los nombres imposibles ha jugado en tres equipos, intercalándolos con el Ottawa Fury y el Red Wolves estadounidentes. «He tenido ofertas de Segunda B durante los últimos seis años pero siempre se me ha valorado más fuera de España», reconoce, aunque admite que jugar en España es «una espina clavada».


Dos realidades en un mismo continente


El continente americano distingue dos realidades en el terreno futbolístico. El marketing y el lujo de una MLS estadounidense en constante crecimiento contrasta con la austeridad de las ligas sudamericanas. 

El sueño de todo futbolista sudamericano que quiere triunfar en el mundo del fútbol es fichar por un equipo europeo. Destacar en su país para llamar la atención en Europa. Es el procedimiento habitual. Sin embargo, también hay casos a la inversa. Futbolistas europeos que cruzan el charco en busca de nuevos objetivos, nuevas metas personales y profesionales que conseguir en sus carreras deportivas.

Cuando la pandemia del coronavirus empezó a provocar la suspensión temporal -y en algún caso definitiva- de casi todas las ligas de fútbol a lo ancho y largo del planeta, Pablo Gállego salió a la palestra de los medios españoles. El oscense, de 26 años, fue noticia en los principales medios de comunicación españoles por ser el único futbolista español que seguía jugando de manera profesional en una de las competiciones que todavía no había parado, la nicaragüense. 

Gállego, que ahora es un ídolo de masas en Nicaragua, afronta su segunda etapa en el país centroamericano. La falta de oportunidades en España le llevaron a salir a Grecia con solo 24 años, pero la experiencia no fue como esperaba y le surgió la oportunidad de cruzar el charco por primera vez. “La primera vez que vine a Nicaragua me di cuenta de la magnitud del país. La gente es muy agradecida y eso te hace muy feliz en el día a día”, relata. Cuando se le terminó el contrato “ya estaba deseando regresar”. Sin embargo, antes de que le llegase esa ansiada oportunidad, los inescrutables caminos del fútbol le llevaron a jugar tres meses en Albania. También tuvo “una oferta de Eslovenia”, pero su amor previo por Nicaragua decantó la balanza. 

El futbolista español asume que el aspecto económico “influye” a la hora de salir por primera vez al extranjero. “Cuando me fui a Grecia estaba jugando en Segunda B y los sueldos son muy inferiores a lo que te pueden ofrecer equipos de fuera de España”, reconoce. “Es la falta de oportunidades en tu país el motivo que te lleva a tomar la decisión final”, concluye el atacante oscense.

La dificultad para abrir puertas en la élite del fútbol español es el motivo principal por el que los futbolistas deciden buscar nuevos retos. Pablo Ceverino nació en la República dominicana, pero su familia emigró a España por motivos laborales. Un buen día se le ocurrió investigar sobre el fútbol en su país natal. En una de las páginas dedicadas al fútbol dominicano contactó con un scout que le pidió fotos y vídeos para ver qué tal jugaba. «Le mandé fotos y tres vídeos y se interesaron tres equipos por mí», explica un Ceverino al que las redes sociales le cambiaron el rumbo profesional, permitiéndole vivir una experiencia única.

A pesar de que el nivel de la liga dominicana todavía se encuentra a años luz de las grandes ligas europeas, está progresando mucho en los últimos años. «No es tan fácil como la gente puede pensar. Tengo amigos hispanodominicanos jugando en regional en España a los que les digo que tienen que trabajar duro y subir el nivel para venir a jugar aquí», afirma.


Oceanía, el último en llegar


Desde el año 2005, cuando empieza a producirse la ya famosa globalización en el mundo del fútbol, tan solo una treintena de españoles ha emigrado a Oceanía. Concretamente a Australia. 

El caso más sonado fue el de David Villa. Después de una trayectoria impecable en varios equipos de LaLiga como el Sporting, Zaragoza, Valencia, Barcelona y Atlético de Madrid, de haberse convertido en el máximo goleador histórico de la selección española y de haber ganado, entre otras cosas, dos Eurocopas, un Mundial y una Champions League, una remota casualidad llevó al delantero asturiano a Australia. Era verano de 2014. España había caído eliminada con estrépito en la fase de grupos del Mundial de Brasil.

Villa decidió poner un océano de por medio para empezar a fraguar su retirada. Firmó por el New York City de la MLS estadounidense, pero había un inconveniente: la competición no empezaba hasta el mes de enero. Para evitar estar casi medio año inactivo, la franquicia norteamericana le cede por dos meses al Melbourne City. Villa solo jugó las cuatro primeras jornadas de la A-League y anotó dos goles en su casi anecdótica aventura australiana.

Sin embargo, el de “el guaje” fue un caso especial. A diferencia de otros destinos exóticos, los futbolistas que ponen rumbo a Australia no lo hacen para usarlo como catapulta para relanzar su carrera. El perfil de jugador que emigra a la A-League se corresponde con el deportista que está en la etapa final de su carrera y que busca una última oportunidad al máximo nivel. Un buen contrato y, de paso, sumar una nueva experiencia vital. 

Diego Castro nunca pensó que podría jugar una Champions. Con 32 años y después de haber desarrollado toda su trayectoria en España decidió que había llegado el momento de cambiar de aires. Sin ser ninguna estrella, era uno de esos futbolistas importantes en el equipo azulón, querido por la afición y muy valorado por todos los entrenadores que había tenido, pero decidió embarcarse en una nueva aventura. Ahora, a sus 37 años, va camino de su quinta temporada en las filas del Perth Glory, con quien ha marcado 46 goles, convirtiéndose en uno de los máximos goleadores de la historia del club y llegando incluso a jugar la Champions League de Oceanía.


Una oportunidad única


Ser llamado a la selección es lo más grande que le puede pasar a un futbolista. No obstante, es algo que muy pocos consiguen. A día de hoy, hay más de un centenar jugadores en activo con nacionalidad española que juegan para otras selecciones por diversos motivos. Los motivos pueden ser varios. Desde tener la doble nacionalidad heredada de sus progenitores hasta haberla conseguido por trabajar durante varios años en el país.

Las selecciones con mayor representación española son la de Guinea Ecuatorial y la República Dominicana, con 17 y 37 casos, respectivamente. No obstante, estas cifras esconden una pequeña “trampa”, y es que todos esos jugadores con nacionalidad española juegan para esas selecciones por ascendencia. Es decir, al menos uno de sus progenitores nació en el país y ellos han heredado la nacionalidad. Es el caso de los hermanos Kiko y Natxo Insa. A pesar de haber nacido en Alicante y haber tenido una carrera discreta en el fútbol español, los dos son internacionales con Malasia. ¿El motivo? Su abuela nació en Kuala Lumpur.

El de la nacionalidad heredada es el supuesto más común entre los 104 futbolistas españoles que visten la camiseta de otro país, pero no el único. También hay jugadores que ante la imposibilidad de jugar con la selección española, han decidido nacionalizarse en otro estado para poder disputar partidos internacionales.

Dani Cancela llegó a Hong Kong en 2010. Tras siete años en el país, consiguió la doble nacionalidad y desde 2017 es internacional con la selección absoluta. Sus compatriotas Fernando Recio y Jordi Tarres han seguido el mismo camino. «Poco antes de cumplir los plazos el seleccionador nacional se puso en contacto conmigo para ofrecerme la posibilidad de ir convocado y por supuesto le dije que sí», afirma el defensor gallego. Una oportunidad -la de ser internacional- que le hubiese sido imposible de haberse quedado en España: «Honestamente creo que no podría haber hecho carrera en el fútbol de haberme quedado», reconoce. 

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