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Un Deportivo de dos caras

Seguir al Deportivo se ha convertido en un reto. Su buen aficionado sabe perfectamente que hacerlo es vivir eternamente dentro de una montaña rusa de emociones. Es un equipo capaz de hacerte sentir la persona más feliz del mundo, pero también la más gafada. Como nadar en un mar de dudas e irregularidad, con buenas olas de noticias positivas y otras gigantescas de golpes en la cara a los que inmediatamente ofreces la otra mejilla. Visto de este modo, que esta bipolaridad se traslade al campo de juego es incluso lógico.

El parón provocado por la crisis del coronavirus, temas importantes aparte, ha provocado cientos de preguntas dentro de los clubes de fútbol nacionales. ¿Volverán bien físicamente? ¿Los que en su momento vivían una gran racha serán capaces de continuarla? ¿Cómo será su adaptación a las nuevas reglas post-COVID, como los cinco cambios en tres tandas? El Dépor y su entorno no se han librado de estas incógnitas. Aún así, todos parecían estar de acuerdo en una cosa: el interesante fondo de armario a disposición de Fernando Vázquez tras el mercado invernal. En este nuevo fútbol, de partidos cada tres días, se antojaba un elemento clave. También una nueva oportunidad para retomar el vuelo, puesto que su último mes pre-crisis no dejó mucho que desear.


El Deportivo pre-COVID: del descenso seguro a seguir con vida


La llegada de Vázquez, responsable en 2013 de rozar una permanencia milagro en Primera, devolvió la esperanza a un deportivismo que veía a su equipo de fútbol a 9 puntos de la salvación de Segunda. Llamarle así seguramente sea un halago. Más que eso, el Deportivo era una comparsa. Un sparring ideal al que utilizar para entrar en una racha buena de resultados. Las consecuencias se tradujeron en una primera vuelta con tan solo una victoria. Fue en la jornada inaugural, y por los pelos.

El efecto Vázquez, como en 2013, fue inmediato. Seis victorias consecutivas (siete sumando la lograda por Luis César Sampedro antes de su despido) devolvieron a los coruñeses a la lucha por la supervivencia. Una forma de referirse a esta carrera de fondo que, por la situación de la institución, es muy adecuada. El factor clave fue la instauración de un sistema de tres centrales y dos carrileros, además de la gran habilidad motivadora del técnico de Castrofeito. Dos soluciones para los dos grandes problemas que tenía aquel Dépor: su extrema fragilidad defensiva y su rota mentalidad, pisoteada semanalmente por el rival de turno. La combinación perfecta para descender sin competir.

El regreso de Fernando Vázquez, que implantó un sistema de cinco defensas, devolvió vida a un Dépor sentenciado

Sin embargo, cuando un 2-0 a favor frente al Girona parecía abrirle la puerta al octavo triunfo seguido, el diferencial Christian Stuani niveló el partido. A partir de entonces, el Dépor se diluyó. Cosechó una derrota por 3-1 ante el Real Zaragoza, un empate insulso contra el Lugo y otra derrota por 4-0 en casa del Almería. Entonces vino la COVID-19.

Tras la complicada cuarentena, las estaciones en la carrera del Dépor por su salvación pasaban primero por enfrentarse a Real Sporting, Real Oviedo y Rayo Vallecano. El mantenimiento del sistema de cinco zagueros, claramente deshinchado tanto en juego como en resultados tras los últimos cuatro partidos, volvió a ser de la partida para intentar doblegar al equipo gijonés.


El Deportivo post-COVID: duelo ante el Real Sporting


El 14 de junio, ante un Riazor vacío por las circunstancias, el Dépor recibió al Sporting con la novedad de Abdoulaye Ba en su defensa titular. El ex del Rayo Vallecano fue el elegido para sustituir a Michele Somma tras la grave lesión de ligamento cruzado que sufrió contra el Girona, pero el nuevo de la oficina tardó poco en demostrar notables carencias. Ba estuvo acompañado por Javi Montero y Peru Nolaskoain. El cedido por el Athletic vivió un episodio más de la insistencia en mantenerle como central, a pesar de que el mejor Deportivo vino con él en el medio. Los carrileros izquierdo y derecho fueron para Salva Ruiz y Eneko Bóveda, respectivamente.

Sistema de cinco zagueros del Deportivo en fase defensiva. Duelo ante el Sporting (jornada 32). Imagen: La Liga.

La idea del Dépor consistió en esperar y ver si sonaba la flauta. Delante de la defensa de cinco actuó un doble pivote formado por Vicente Gómez y Gaku Shibasaki, ambos caracterizados por su comodidad a la hora de organizar juego. Sin embargo, este aspecto se vio lastrado por una salida de balón inadecuada para su primera línea de futbolistas. Cada vez que Ba y Montero recibían el balón, el Dépor temblaba como un flan. Se repetía el mismo patrón: saque de puerta raso de Dani Giménez a un central, pases horizontales entre ellos, quizás alguna asociación con Gaku o Vicente sin productividad, vuelta a los centrales y finalmente balón de nuevo para Giménez, que se deshacía de él con un pelotazo. Mientras, Claudio Beauvue y Sabin Merino (delanteros de altísimo nivel para Segunda División) se dedicaron a intentar sacar petróleo de estos balones a la olla. Bastante hicieron.

A pesar de su pequeña mejoría de la segunda parte, el Deportivo terminó el duelo ante el Sporting sin remates a puerta

Tras una primera parte muy pobre, Fernando Vázquez decidió prescindir momentáneamente de la zaga de cinco para pasar a un sistema con cuatro atrás, rombo en el centro del campo (practicado en los entrenamientos) y dos delanteros. Un 1-4-1-2-1-2. Peru Nolaskoain abandonaba así la retaguardia para sumarse a la zona de operaciones, pero la permuta duró hasta que alrededor del minuto 55 se realizó un triple cambio. Las entradas de Keko Gontán, Uche Agbo y Mamadou Koné devolvieron al Dépor a un esquema con cinco zagueros, con Peru de nuevo en la línea, y un doble pivote formado por Agbo (destrucción) y Gaku (construcción).

El partido acabó 0-0 con acercamientos al área para ambos equipos, pero fue el Sporting el que gozó de las dos oportunidades más claras del partido. Una de ellas, de Murilo de Souza, hubiera acabado dentro de la portería en 99 de cada 100 ocasiones. El Deportivo, a pesar de su pequeña mejoría de la segunda parte, se fue de Riazor sin tiros a puerta.


El Deportivo post-COVID: comienzo de la bipolaridad ante el Real Oviedo


Tan solo tres días después, el camino pasaba por ganar en el Carlos Tartiere. Se antojaba vital teniendo en cuenta la condición de rival directo del Real Oviedo, la posición clasificatoria de ambos (empatados a puntos en la zona baja) y la lucha por el golaverage particular (en la primera vuelta, el Dépor venció por 3-2). A pesar de la importancia de una hipotética victoria, Vázquez salió al campo con un once más conservador que el visto ante el Sporting. El sistema era el mismo 1-5-2-1-2, pero con tres variantes. Dos de ellos fueron prácticamente de nombre, con David Simón y Mujaid Sadick en el lugar de Eneko Bóveda y Javi Montero. De todas maneras, el tercero y más importante tuvo como protagonista a Álex Bergantiños.

El coruñés, un emblema reciente del club, formó parte del once titular en detrimento de Vicente Gómez. Si ya con el ex de Las Palmas el Dépor sufrió a la hora de generar fútbol, con Álex más. Es un jugador que tiene muchas virtudes, pero todo aquello relacionado con la creación se le escapa. Las consecuencias fueron las esperadas. El equipo gallego, por decirlo sin miramientos, hizo el ridículo ante un rival como mínimo parejo en cuanto a potencial. Su fútbol fue nulo e indigno. El cambio intermedio del 1-5-2-1-2 al 1-5-4-1, con Sabin Merino como delantero y Emre Çolak y Beauvue en bandas, tampoco evitó el bochorno. A pesar de contar con un centro del campo algo más poblado, el Deportivo no fue capaz de detener esta peligrosa dinámica.

1-5-2-1-2 del Deportivo en el Carlos Tartiere de Oviedo. Imagen: La Liga.

Especialmente sangrante fue el partido del senegalés Abdoulaye Ba, responsable de varias acciones poco inteligentes que, entre otras cosas, provocaron las faltas de los goles del Real Oviedo. El segundo, obra de Bárcenas de disparo directo, fue compensado por Sabin Merino gracias a una chilena rematada con la espinilla justo antes del descanso. El Dépor es especial hasta en eso.

Ba pagó su paupérrima primera mitad al ser uno de los protagonistas del inevitable doble cambio de Fernando Vázquez en el descanso. Salieron él y Claudio Beauvue para dar entrada a Keko Gontán y Víctor Mollejo, en una apuesta mucho más ambiciosa que la inicial. Los cinco defensas fueron reducidos a cuatro, pertenecientes a un sistema 1-4-2-3-1 con Gaku y Álex en el doble pivote, Çolak en mediapunta, Merino arriba y Mollejo y Keko en los costados. Las consecuencias, una vez más, fueron las esperadas. La modificación del planteamiento cambió radicalmente al equipo, que logró empatar el partido de la mano de Nolaskoain. ¿Cuál habría sido el resultado en caso de haber apostado por esta segunda cara, más ambiciosa, desde el minuto 1?


El Deportivo post-COVID: insistiendo en el error contra el Rayo Vallecano


Lejos de haber aprendido del error de Oviedo, el Deportivo salió a jugar contra el Rayo con un sistema diferente pero con igual mentalidad. La misma primera cara de pocos días antes. La defensa de cinco del Tartiere dio paso a una de cuatro con Nolaskoain y Mujaid en el centro, seguidos por un doble pivote formado por Uche Agbo y Álex Bergantiños. Ambos, centrocampistas destructivos. Parecía complicado ofrecer algo peor que la primera parte del partido anterior, pero este 1-4-2-3-1 dio paso a una de las peores actuaciones que se recuerdan en A Coruña. A ello se le sumaron viejos fantasmas de la primera vuelta, relacionados con la fragilidad defensiva y la mentalidad. Ya con 0-2 en contra, Fernando Vázquez optó por retrasar a Bergantiños al centro de la zaga para aguantar la sangría hasta el descanso, momento en el que haría falta un nuevo cambio radical de cara.

Ante el Rayo, el Dépor salió con cuatro defensas y un doble pivote destructivo. Imagen: Movistar.

El descanso, igual que ocurrió en el Tartiere, volvió a utilizarse para imponer un punto de inflexión. En fase ofensiva el sistema pasó a ser de tres defensas (Peru+Mujaid+Bóveda), un único pivote (Agbo), cuatro centrocampistas delante de él (Mollejo+Aketxe+Çolak+Hugo) y dos delanteros (Koné+Santos). Para llevarlo a cabo, Álex Bergantiños, Salva Ruiz y Keko Gontán fueron sustituidos. En resumen, un 1-3-1-4-2 que volvió a dar increíbles resultados. Siete minutos después de la reanudación, el Dépor había empatado el partido en una nueva demostración de su locura.

Sistema 1-3-1-4-2 en fase ofensiva del Deportivo. Segunda parte de su choque ante el Rayo. Imagen: Movistar.

Sin embargo, la fase defensiva de este nuevo planteamiento era diferente a la ofensiva. Cada vez que el Rayo intentaba atacar, el sistema regresaba a los cinco zagueros. Víctor Mollejo se trasladaba de la banda izquierda ofensiva a la defensiva, al igual que Hugo Vallejo por la derecha, y los tres centrales pasaban a ser Mujaid, Nolaskoain y Bóveda. El equipo fue otro, e incluso estuvo a punto de llevarse tres puntos más que imposibles en la primera mitad. Aprovechó la calidad y la buena asociación entre Ager Aketxe y Çolak para hacer daño desde dentro, mientras que las bandas cosecharon un gol y una asistencia.

Sistema con cinco zagueros en fase defensiva del Deportivo. Imagen: Movistar.

Ante tal demostración de catálogo táctico, pronosticar qué hará el Deportivo de Vázquez en los ocho partidos que le quedan es realmente complicado. Por lo de pronto, su vuelta a los terrenos de juego ha dejado dos caras radicalmente distintas, cada una con sus resultados. La lógica diría que conviene seguir con la que mejores resultados ha ofrecido, pero si por algo se caracteriza el fútbol es por su ausencia. Aún así, teniendo en cuenta que el club coruñés se juega su viabilidad en el próximo mes, convendría hacerle caso a lo que se ha visto que funciona.

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